viernes, mayo 09, 2008

Escribir

Es lógico que aquellos a quienes conoces, a lo largo de tu existencia, influyan en ti de una manera u otra. Si tu carácter es "fuerte", por llamarlo de algún modo, influirán lo justo y esos a quienes, por h o por b, acabes concediendo esa importancia. No sé, igual no me estoy expresando bien... Sólo llevo un café, qué quieren.

Miren, yo adoro a Gaby, como sólo se puede adorar a la "primera amiga de verdad". Y aunque había igualdad entre nosotros, siempre me sentía "pequeño" a su lado. Cosa que me llevaba a adorarla aún más. No soy de envidias fáciles. Puedo admirar, comprender o ignorar. Pero la envidia no es uno de mis pecados capitales. Bastante tengo con el de la pereza, ¿no creen? A ella la admiro. Admiro sus facciones perfectas, porque es guapísima (y no porque lo diga yo). Admiraba el modo en que se peina. Admiro su destreza para recogerse el cabello en cuestión de segundos. Admiro su sonrisa abierta, franca, y esos enormes ojos cafés. Y, por eso, me siento pequeño y afortunado. Por ser espectador en primera fila, de tantos detalles que me fascinaban. Tanto que, aún hoy, si cierro los ojos y pienso en ella, la vuelvo a ver, con la misma nitidez que si la acabara de contemplar.

Yo ya escribía por aquella época. Algún poemilla, algún relato breve… Nada que me tomara muy en serio todavía. Y ella era una de las pocas personas (cabrían en menos de una mano) a las que se lo mostraba o lo leía.

Alguien, cualquiera, puede "elegir" escribir. Porque le guste. Porque le apetezca. Porque se convierta en una afición. Porque descubra un día que, oye, se le da bien. Por vete tú a saber qué. Yo no tengo esa opción, ni la quiero. "Por suerte, encontré locos como yo, que me entendieron a lo largo del camino". Yo no recuerdo mi vida, sin leer o sin escribir. A mí no me llamó la atención un cuento y descubrí el fantástico mundo de la imaginación.

Lo que quiero decir es que no es algo que haya elegido. Es algo que soy, desde antes de poder recordarlo. Y da igual si lo hago bien, mal o regular, según los diferentes tipos de ojos que me lean. La cuestión es que es lo que soy: escribir. Porque nací con ello. Y me gusta haberlo hecho. Y nunca me pregunté qué haría si no leyera, si no escribiera. Para mí, escribir es sinónimo de respirar. Y punto. Mi estado de ánimo es indiferente. Sé que es difícil para muchos comprenderlo. Lo sé ahora. Pero yo puedo estar muerto de risa y escribir la historia más triste. Puedo estar llorando y escribir la más alegre.

Luego, es difícil encontrar a esos pocos que ven más allá. A los que cuando les escribes algo personal, no tienen la más mínima duda de que pueda ser una de tus invenciones. A los que, cuando sientes algo, no creen ni por asomo que sea mentira por el hecho de que escribas. A los que tienes la suerte de que te distingan, entre el montón confuso de letras que te acompañan.

Y a esos los agarras fuerte. Con todo tu corazón. Porque han visto en ti la persona que eres cuando duermes, cuando despiertas, cuando hablas y cuando callas. Cuando escribes y cuando no.

0 comentarios: