martes, septiembre 16, 2008

Comenzando de nuevo

Algunos creen que para escribir hay que pensar mucho, saber mucho, leer mucho. De todo mucho. No es así.

Solo te sientas. Tomas un cuaderno. Un lápiz. Pasan horas y no escribes nada, ni una coma, un punto, ni siquiera una letra. Las ideas van y vienen en tu mente. "Esto si", "aquello no", "podría ser...". Es lo que piensas. Inutilmente intentando organizar lógicamente lo que deseas comunicar. Te frustras. Te levantas. Lanzas el cuaderno por los aires. Definitivamente no es tu día.

La inspiración parece haberse ido de vacaciones a Madagascar y no piensa regresar, tal vez las playas arenosas, las costas azules, las palemras verdes, han conquistado a inspiración y no regresará a menos que le ruegues...para que regrese y escriban mil historias juntos.

Aún sin éxito.



Recoges el lápiz y el cuederno. Buscando el valor en las cajas olvidadas del corazón, en el sótano de la mente donde guardaste las verguenzas y las humillaciones, allí donde guardaste recuerdos y emociones. Donde las polillas comen uno a uno los recuerdos del pasado. Allí donde odias tener que bajar por no encontrar el interruptor de la racionalidad.

Porque odias ese lugar.

Sabes que una vez vuelves a buscar, te pierdes en momentos una vez pedidos y encontrados de nuevo. Odias ese lugar porque recordar es volver a vivir y vivir es dolor. Necesitans luz dentro del obscuro sótano, por eso buscas una linterna con la luz de la racionalidad, cargada con baterías de lógica. Apartando las ilusiones, los sueños todo lo fantástico a su paso.

Encuentras el valor, el coraje.


Estaban dentro de una caja de recuerdos. Los miraste y pensaste que no eran importantes. Que ese momento cuando te sacaste el diente de leche tu solo, no fue acto de valor...solo fue una tontería...sin nada heróico. Por supuesto, lo has iluminado con racionalidad. Cada vez que pones tus recuerdos bajo esa lámpara ya no te parecen tan fantásticos como recuerdas. Te arrepientes. Lloras. Como el niño que realmente eres...

Buscas de nuevo, sin tu lámpara, rogando por no tropezar en la obscuridad. Repentinamente abres los ojos. No está obscuro. Ya no necesitas luz, siempre estuvo allí, pero tu tenías los ojos cerrados.

No querías ver.

Has encontrado el collar del valor, lo cuelgas sobre tu cuello. Estás dispuesto a escribir. Inspiración regresa de sus vacaciones por Madagascar. Ahora has escrito una coma, un punto, una letra. La historia fluye por si sola. Tu mano demasiado lenta comparada con la velocidad de tus pensamientos. Sin darte cuenta has escrito en todo el cuaderno.

Las páginas están llenas. Piensas aliviado que escribir no eras tan difícil. Solo había que buscar un poco en el sótano de los recuerdos, ver con los ojos abiertos y escudriñar, luego inspiración se encarga de iluminarte. Ya no con lámparas de racionalidad que usan baterías de lógica. Sino con el corazón. Anotando las ideas más locas, más ilógicas, más tontas...sin saber mucho, sin leer mucho, sin pensar mucho. Solo de lo que sabes, de lo que conoces, de lo vives...

Te levantas, cierras el cuaderno y te marchas. Dispuesto a otra nueva aventura en el mundo de los sueños.

Afuera, las luces se apagan y la luz de la imaginación se enciende.

El ciclo ha comenzado de nuevo...

0 comentarios: