viernes, agosto 08, 2014

¡Y llegamos al tercer piso!

Hoy, me pasa un gran momento, que el cumplir 30 años es un gran peso fuerte. Este peso se siente tanto por la gente que nos rodea como por los sentimientos y pensamientos que salen de uno al decir "Cumplo 30 años".
Que puedo decir, al escribir esto, el cumplir 30 años de vida te provoca sentimientos encontrados.
Y es que, el cumplir 30 años, es dejar atrás inseguridades, lo que se transmite de inmediato en la actitud y comportamiento. 30 años se constituyen en mí ya un reflejo de seguridad y aceptación de uno mismo.
Y es que aquella sindéresis que proyecta dejar atrás una etapa de cometer errores, de experimentar, de probar, de ser inocente, terco, caprichoso, dramático o de tener miedos, te hace caer en cuenta del sabio dicho de "Las cosas pasan por algo". Aceptas y cierras ciclos de situaciones que en su momento tal vez no entendiste, te aferraste, te encaprichaste o te afectaron. Adquieres a estas alturas plenitud, independencia, perseverancia, reinvención, realización y renovación de sueños; sinónimo de madurez pero sin dejar de ser una persona joven.
Empecé hace tres años atrás a valorar cosas, desde insignificantes hasta más profundas, que antes no percibías, en las que no pensabas, que no eran prioridad o que no tomabas en cuenta. Esta valoración te hace estar consciente de los patrones que no quieres repetir o copiar en tu vida. Además adquieres un poder de dar las gracias por lo que tienes y dejar de estar pensando en lo que no tienes.
El cumplir 30 años adquieres un amor propio. Es muy chistoso como antes buscaba estar en todo lugar. Hasta sobraba tiempo. A los treintas nadie te ve raro si decides quedarte a ver una película en lugar de ir a un bar. ¿Raro?... ¡pero es lo máximo!.
Culmino dando gracias a todos, a aquellos buenos o malos momentos, constituyeron un aprendizaje fantástico. Es un privilegio aún contar con verdaderas pocas personas. A quien no esté, igual mil gracias... Lamento que se pierda del festejo.

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